
Los juguetes de última generación han dejado de ser simples muñecos de plástico para convertirse en dispositivos capaces de hablar, escuchar y aprender del comportamiento de los niños. Un reciente estudio elaborado por investigadores de las universidades de Santiago de Compostela (USC) y A Coruña (UDC) advierte que los juguetes conversacionales dotados de Inteligencia Artificial (IA) pueden convertirse en una “nueva infraestructura de persuasión” sobre la infancia, capaz de vincularse emocionalmente con los menores y recopilar información que podría ser utilizada con fines comerciales.
La investigación —que formará parte de un libro publicado por McGraw Hill en septiembre de 2026— analiza cómo acuerdos entre gigantes tecnológicos y fabricantes de juguetes están introduciendo asistentes de voz personalizados en la rutina de juego de los más pequeños.
Los principales riesgos señalados por el estudio
Los expertos destacan que el principal desafío no es la tecnología en sí, sino los intereses que se esconden tras la recopilación de datos en la infancia:
- Vínculos afectivos y persuasión opaca: Al mantener conversaciones fluidas, los menores perciben al juguete como un amigo de confianza. Esto permite al dispositivo conocer sus miedos, deseos y emociones, un vínculo que facilita dinámicas de persuasión comercial difíciles de detectar para un niño.
- Extracción de datos emocionales: Las preferencias y conversaciones de los txikis pueden ser almacenadas y procesadas por algoritmos, transformando el juego libre en un escenario de recopilación masiva de datos.
- Presión sobre el entorno educativo: El informe recupera precedentes históricos y analiza modelos en escuelas de EE. UU. o China para advertir del riesgo de que la vigilancia algorítmica y la búsqueda de eficiencia tecnológica acaben limitando la espontaneidad, la creatividad y el pensamiento crítico en el aula.
¿Cómo enfocar el uso de la IA en la infancia?
Los autores insisten en que la IA puede ser una excelente aliada educativa —al ayudar a personalizar el aprendizaje o detectar dificultades tempranas— siempre que su desarrollo priorice la ética y el bienestar del menor.





