Barracas en Bilbao y pueblos de Euskadi, entre las más seguras de Estado

  • 29 junio, 2025

Con la llegada del periodo estival y la proliferación de fiestas populares en Bilbao, Bizkaia y toda Euskadi, las atracciones de feria se convierten en un punto de diversión para txikis y personas adultas. Ante incidentes lamentables ocurridos en otras localidades, es importante destacar que las barracas en Bilbao, Bizkaia y el conjunto del País Vasco se consideran extraordinariamente seguras. Esto se debe a la implementación del protocolo de seguridad más estricto y una de las normativas legales más avanzadas del Estado, que, a diferencia de la vasca, carece de un reglamento único que regule su funcionamiento.

Rigurosidad en las inspecciones y normativa avanzada

La seguridad de las atracciones en la Comunidad Autónoma Vasca se rige por la Ley 10/2015 y el decreto 17/2019, una normativa específica que regula las inspecciones y la seguridad. Este marco legal contrasta con la regulación a nivel estatal, que aún se apoya en el Real Decreto 2816/1982, publicado hace 43 años. Esta diferencia normativa subraya la exhaustiva vigilancia y el control preventivo que se ejercen en Bizkaia. De hecho, las estadísticas históricas en la CAPV no registran grandes accidentes en este tipo de instalaciones.

Cuando un feriante solicita permiso para instalar una atracción en un municipio, debe cumplir con una serie de requisitos documentales y técnicos. Estos incluyen estar al corriente con los pagos de Hacienda y la Seguridad Social, poseer un certificado de revisión anual (similar a la ITV de un vehículo), contar con un certificado de extintores y un boletín del instalador que garantice las perfectas condiciones de la barraca. Además, antes del montaje, un ingeniero debe verificar que la instalación se realice correctamente y cumple con todo el protocolo. Muchos ayuntamientos, por su parte, realizan una revisión adicional con el mismo ingeniero.

En grandes eventos, como la Aste Nagusia de Bilbao, el procedimiento de revisión municipal se desarrolla en tres fases. Primero, el Ayuntamiento elabora un plano detallado para la distribución de las ubicaciones, priorizando la seguridad, los pasos para vehículos de emergencias y los accesos para personas con movilidad reducida. Una vez que los feriantes se instalan en sus parcelas, deben entregar toda la documentación requerida por la normativa.

Controles exhaustivos y prevención de riesgos

La legislación vigente exige la presentación de un informe técnico que acredite el cumplimiento de las condiciones de seguridad, detallando la atracción, sus instrucciones de montaje, mantenimiento, conservación y uso. Posteriormente, se lleva a cabo un control riguroso del montaje de la atracción, incluyendo revisiones de la estructura, los anclajes, las instalaciones eléctricas y pruebas de seguridad operativas.

Las instalaciones eléctricas son analizadas minuciosamente por operarios de Iberdrola, quienes deben dar el visto bueno y firmar el permiso para que se les suministre energía y puedan operar. Este control es crucial para prevenir incidentes relacionados con la electricidad, como los ocurridos en otros lugares por la ausencia de toma de tierra o diferenciales de alta sensibilidad. Asimismo, en la CAPV está prohibido el uso de cerramientos y redes metálicas en atracciones como las camas elásticas, un riesgo de golpe para los txikis que, sin embargo, se permite en otras comunidades.

La falta de un protocolo homogéneo a nivel estatal a menudo genera inconsistencias entre las normativas municipales y autonómicas. En la CAPV, sin embargo, la responsabilidad de conceder el certificado de apertura recae directamente en el ayuntamiento, independientemente de que la instalación sea en un espacio público o privado, lo que garantiza un mayor control.

La revisión diaria es una práctica fundamental. Todas las atracciones son continuamente vigiladas por el titular y sus empleados durante las jornadas. En el hipotético caso de cualquier incidente mínimo, la atracción es precintada automáticamente por la Policía Municipal y no se reabre hasta que un ingeniero realice una nueva inspección completa. Este fue el caso en 2023 en Barakaldo, cuando una barraca fue clausurada cautelarmente y reabierta horas después de una inmediata revisión tras un incidente.

La industria feriante en Euskadi, que agrupa a unas 300 familias, está altamente profesionalizada y es muy escrupulosa con estos procedimientos, lo que contribuye significativamente a la seguridad general. Aunque el riesgo cero no existe, el control técnico y la profesionalidad del sector minimizan la posibilidad de accidentes graves, asegurando la tranquilidad de quienes disfrutan de estas atracciones.

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